SOCIALISTAS DE IZQUIERDA, SOCIALISTAS COMO ALLENDE


La izquierda, una fuerza que crece
mayo 4, 2009, 6:41 am
Filed under: Arrate Presidente, IZQUIERDA, SOCIALISTAS ALLENDISTAS

Tribuna
Domingo 03 de Mayo de 2009
La izquierda, una fuerza que crece

Tribuna de Jorge Arrate

Ha terminado un ciclo, y parte del nuevo escenario es la reinstalación de una izquierda allendista, contemporánea y significativa, con capacidad de lucha social, de gobierno y de negociación, capaz de representar a las varias sensibilidades que comparten los objetivos de una democracia plena y una sociedad mucho más igualitaria.

Nuestra opción de izquierda es inconformista, multiplicadora y a la vez constructiva. Es una alternativa unitaria y positiva que ofrece a los chilenos y chilenas la posibilidad de no tener siempre que optar entre la Alianza o la Concertación.

En otra vereda, en cambio, los actores políticos atraviesan por uno de sus períodos más opacos. La dirigencia concertacionista esconde la cabeza. La forma de razonar asombra: se trata de ganarle a la derecha. Y si se le gana, probablemente habrá que repetir una vez más el mismo discurso: no se puede cumplir el programa porque no hay los suficientes votos en el Congreso… Entonces, ¿por qué no esforzarse por juntar los que sean necesarios?

Somos una izquierda con decisión de ser alternativa y capacidad de pactar para romper la exclusión. Un empeño común entre la Concertación y la izquierda puede redimensionar el Congreso para hacer posibles algunos cambios que hoy no lo son. El Chile del Bicentenario requiere una Asamblea Constituyente para modificar el actual modelo institucional y económico. Nadie pensó en 1988 y 1989 que la transición chilena terminaría en una “semi democracia” con altos niveles de desigualdad y discriminación.

La transición fue resultado de la demanda democrática expresada en las protestas y actos de rebeldía de actores sociales y partidos políticos que, en la primera mitad de los ochenta, pasaron de la supervivencia al activismo. La transición respondió también a los intereses y temores de los núcleos de poder económico. En su tejido ha revelado la compleja y tortuosa relación entre democracia y mercado. La primera se funda en uno de los principales logros de la civilización moderna, el principio de igualdad: un hombre, una mujer, un indígena, un blanco, un rico, un pobre, valen cada uno un voto. Para el mercado, en cambio, todas las diferencias son monetizadas. Un hombre, una mujer, un indígena, un blanco, un rico, un pobre, tienen tantos “votos” en el mercado como dinero tenga cada uno. El juego entre estas dos lógicas generó en Chile un importante crecimiento económico global, una radical desigualdad en la distribución del ingreso y una democracia restringida y binominal. El malestar de la izquierda con el carácter de esta transición es general.

La izquierda sufrió a partir de 1973 procesos contradictorios de cambio en sus dos principales espacios históricos: el de la “renovación”, ocurrido fundamentalmente en el Partido Socialista, y el de la “resistencia”, cuyo actor principal fue el Partido Comunista. En el curso de la transición, la renovación de los socialistas fue más allá de la propuesta original y terminó en una caricatura. La defensa de su identidad, sostenida por el Partido Comunista para enfrentar una crisis luego de su esfuerzo de rebelión popular, el desmoronamiento de los estados comunistas y la transición pactada le restaron durante los noventa márgenes de flexibilidad para ejercer una influencia que le diera profundidad y proyección. Así, la izquierda ha vivido un tiempo prolongado entre la “sobrerrenovación” y la sobrevivencia.

Pero a pesar de la exclusión parlamentaria de los comunistas y sus aliados, la izquierda ha sido decisiva desde el Gobierno y desde la oposición. Lagos triunfó en segunda vuelta gracias a los votos de izquierda y también Bachelet, a través de un compromiso formal de terminar con la exclusión negociado con el Partido Comunista.

La transición ha provocado también creciente indiferencia o rechazo hacia el actual manejo de los asuntos públicos. Entre los jóvenes y las organizaciones sociales prima un clima de desconfianza hacia la política y los partidos. Aproximadamente la mitad de los ciudadanos no quiere o no puede hacer uso de su derecho al sufragio. El veto de la derecha tiene su clave en la negativa a aceptar reformas reales a la viga maestra de la arquitectura institucional que le legó Pinochet: el sistema electoral. El círculo vicioso opera eficazmente: la Concertación no tiene los votos necesarios para cambiar el mecanismo y le falta voluntad para presionar de otro modo. ¿O debemos pensar que el sistema binominal garantiza a la Concertación reelecciones relativamente cómodas a sus parlamentarios?

En el nuevo ciclo, la tarea de la izquierda es desplegarse socialmente, lograr más unidad y seguir bregando con la mirada hacia adelante. Hoy es la única fuerza que crece.

Fuente: http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2009/05/03/la-izquierda-una-fuerza-que-cr.asp


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