Archivado en: General, NUESTRA PATRIA GRANDE, OTRO MUNDO ES POSIBLE, TRIBUNA SOCIALISTA
Democrática y antiimperialista
La inesperada insurrección popular
Américo Díaz Núñez
Embajador de la Republica Bolivariana de Venezuela
Minsk , República de Belarús
Tantas luchas. Tantas generaciones de revolucionarios y visionarios que sembraron los vientos de esta tormenta en Nuestra América, o fueron sacrificadas, sin haber podido disfrutarla en pleno vuelo, porque su tiempo no les alcanzó para comprar verla desplegarse en todo el continente latinoamericano.
Antes y después de Sandino en las montañas de Las Segovias, estuvieron en fallidos intentos Ezequiel Zamora y Gustavo Machado, El Mocho Hernández y tantos otros alzados en armas en diferentes épocas y escenarios, como lo estuvieron los próceres Bolívar y Sucre, Miranda, Gual y España, Benito Juárez y Artigas, tratando de conducir a sus pueblos al poder, un sueño o una utopía, da lo mismo.
Hubo de amontonarse tragedias, represiones, genocidios y mucha sangre, frustraciones y errores, antes de encontrar el camino a la victoria popular.
Tuvieron toda la razón los que aconsejaron en los años de reflujo revolucionario acumular fuerzas y vencer todas las resistencias para lograr la unidad del pueblo, la clave para ofrecer salidas a las crisis políticas que surgieron finalmente de las contradicciones sociales y económicas en cada país.
Lo sabios pueblos supieron sacudirse falsas promesas y buscar su propio camino al poder.
¿Quién iba a imaginarse en Venezuela en los años 80 que un militar de carrera, obligado a combatir utopías, iba a convertirse en líder popular, ganar todas las elecciones y construir una plataforma socialista 20 años después? Bueno, ahí está Chávez para rato.
¿Que un indio aymara se transformara en presidente, también por la vía del voto, en el corazón de la América del Sur donde se le discriminaba y despreciaba? Otro imposible: Evo Morales victorioso, hoy amenazado por el imperio y sus títeres.
¿Que un líder sindical en Brasil, el país más extenso y desarrollado del continente suramericano, pero también plagado de militares golpistas, ganara en las urnas el apoyo mayoritario de su pueblo? Utopía cumplida. Lula da Silva no tiene contrincante.
Muy pocos tenían confianza en la resurrección del sandinismo en Nicaragua, pero eso ocurrió también. Daniel Ortega lo demuestra.
En la Argentina del golpismo fascista resurgió un peronismo integrasionista que no se aísla del contexto político creciente, y eso parece un milagro. Cristina de Kirchner sigue los pasos de la integración suramericana.
En Chile también renació la democracia de las cenizas dejadas por Pinochet. ¡Imposible hasta en sueños! Otra mujer, Bachelet, reivindica a Allende.
Luego le siguió un Ecuador sumido en profunda crisis de identidad que reflota hacia la corriente dominante en el siglo XXI: Cambios profundos a favor de los pueblos. Un presidente joven, Rafael Correa, se enfrenta al reto con lucidez y valentía.
¿Y cuándo se había visto un obispo salido de las entrañas de la reacción confesional convertirse en líder popular en Paraguay, la nación olvidada de todos? Los curas del pueblo de la región tienen ahora un presidente llamado Fernando Lugo.
Fidel se pone a un lado, pero no complace al Lobo del Norte que busca su muerte desde hace décadas, mientras el pueblo cubano no se da por enterado de una transición anexionista que sus antiguos amos daban por segura porque tiene apoyo financiero, craso error en la jugada. Raúl está al mando y el pueblo cubano tranquilo porque sabe qué quieren los gringos hacer con él.
Hasta en el Caribe multirracial y pluricultural hay crecientes simpatías hacia el proceso de integración latinoamericano.
Era hora de entrar en razón y buscar un camino propio, sin falsos amigos que te quitaban la casa y el sustento.
El viejo Lobo del Norte se está quedando solo con asesinos narcodependientes y uno que otro demagogo o usurpador de piernas cortas.
El realismo mágico de estos predios está siendo vaciado a la vida no propiamente por García Márquez o Carpentier, sino por el hacedor de la historia que es el pueblo.
La insurrección popular, imaginada como una llamarada de violencia armada, se dio con la nueva arma descubierta al fin, después de tantos intentos fallidos de varias generaciones de revolucionarios, por el soberano que sólo dispara paz: la unidad por encima de las diferencias e incomprensiones.
Como nadie realmente se la esperaba así, en verdad, habrá que llamarla la inesperada insurrección popular democrática y antiimperialista. El sueño de todos los luchadores revolucionarios del pasado, comenzando por Miranda y Bolívar.
Quienes no pudieron verla han sido reivindicados por sus pueblos.
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